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 NIETZSCHE HOY ensayo de OSCAR PORTELA
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oski2
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NIETZSCHE HOY ensayo de OSCAR PORTELA - 25 Febrero 2011 : 08:44:19 Responder con Cita
NIETZSCHE HOY
ensayo de OSCAR PORTELA


...“lo último que deseo es “fama” y “ruido” en los periódicos y “veneración de discípulos”; he visto demasiado de cerca lo que todo ello significa hoy. Me sentiría en medio de ello mas solitario que ahora, y quizás aumentaría espantosamente mi desprecio de los hombres”. (A su hermana, Sils María, a finales de julio de 1885).

La relación de la época de Nietzsche es sin embargo equívoca. El no pidió oficinas de prensa y propaganda, sino apenas un pequeño grupo de personas que me quieran oír y entender, y estoy sano. (A su hermana, Sils María, 8 de julio de 1886).

Tuvo no obstante, exégetas de todo tipo, “fieles” discípulos y organizaciones de propaganda. Ello y de múltiples modos, fue previsto por el.

“El sentimiento de que hay en mí algo muy lejano y extraño, de que mis palabras tienen otro color que las mismas palabras en otras personas, de que en mí hay mucho primer plano multicolor que engaña, este sentimiento exactamente, que en los últimos tiempos me ha sido atestiguado desde lados muy diversos, es todavía hoy, el grado mas exquisito de “comprensión” que he alcanzado hasta el presente. Todo lo que hasta ahora he escrito, es primer plano; para mi mismo comienzo siempre con los puntos suspensivos”...

La relación de Nietzsche con la época es la de la historia universal con sus fundamentos. Nietzsche supo que la confusión no solo sobrevendría, sino que era necesaria. “Huelo a quinientos pasos la confusión de que soy objeto”, dice a su hermana, el 3 de noviembre de 1886.

A los 77 años de su muerte, la confusión subsiste, aunque atenuada por los esfuerzos de Heidegger, Lowith, Fink y los franceses Bataille, Blanchot, Derrida, Deleuze y otros. La dificultad no reside sin embargo en lo dicho, sino en la experiencia que se anuncia en su lenguaje y en lo que este oculta.

Nietzsche vivió su vida como un teatro donde se desenvolvía y epilogaba una batalla.

La historia universal hegeliana como la hibridación de ser y apariencia, en la absolutización de la metafísica de la subjetividad, donde el hombre, como “el ser en el todo en su devenir se ha hecho ser” (Blanchot: Nietzsche y la escritura fragmentaria”)
va a hallar en las claves e su pensamiento y su vida, el desenlace y la puesta en marcha de un viraje donde todas las categorías del pensar occidental son puestas en tela de juicio.

El pensador, en este sentido, asumido por Nietzsche y repensado por Heidegger, constituye un destino, una fatalidad, una necesidad.

Llegados a este punto, es necesario señalar que nada tan alejado de la pura biografía y el puro símbolo de una subjetividad avasallante, como el pensar de Nietzsche nos habla de la fuerza “soberana” que se expresa en toda filosofía, se refiere sin dudas al Pathos de la fuerza objetiva que opera detrás de toda exégesis o enunciación interpretativa.

Nietzsche es pensador, aún cuando haya preguntado irónicamente si le asistía el derecho de ser llamado filósofo.

No puede explicitarse su pensar a fuerza de biografía, ni esta a partir de la multiplicidad de su “letra”. Nietzsche no es un místico, ni el profeta de una religión de salvación o redención del hombre, he ahí precisamente lo problemático.

El hombre como error y la historia como extravío, a partir del día en que se invento el conocimiento y con “ello” el prejuicio teleológico del fin.

En el prejuicio teleológico del fin descubre Nietzsche el postulado, la piedra de toque en la constitución de la metafísica como moral. En lo que Heidegger mas tarde llamará “ontoteología”. A partir de ahí, y disfrazando su crítica a la metafísica de psicología, y su ontología de axiología, Nietzsche se lanza a la destrucción del lenguaje, de la cultura, la religión y las psicologías del resentimiento, operando una transvaluación de los conceptos de ser, cosidad, sustancia, yo, sujeto: en juego, fuerza, voluntad, repetición, diferencia: considerando las primeras como prejuicios de una voluntad de la “nada”, a no tener ninguna voluntad”: “Genealogía de la Moral”

Los martillazos a la religión son crítica al desplazamiento consumado en la filosofía platónica, en tanto se considera lo divino como lo más ente.

Nietzsche critica de este modo, extrañamente, el principio de la metafísica de la subjetividad que combate Heidegger. En este sentido, la filosofía de Nietzsche no puede caracterizarse ya ni como una filosofía de la inmanencia, ni como una filosofía de la trascendencia.

El principio de la ontología nietzscheana oculta tras el ropaje de la estética, (en “El origen de la Tragedia”), piensa ya el ser como la contrapuesta unidad de iluminación y ocultamiento, de cielo y de tierra, en el juego y la danza de Zeus como alianza del ser y devenir en la afirmación dionisíaca:

Así la afirmación va a ser pensada por Deleuze en Nietzsche, como doble afirmación:

“En sí misma y como primera afirmación, es devenir. Pero es el ser en tanto que es objeto de otra afirmación que lleva el devenir al ser o que extrae el ser del devenir” (“Nietzsche y la Filosofía”).

Esta visión que parece evadirse de la misma filosofía, le hace decir a Blanchot, hablando de Dionisios como plus de la afirmación: “Y la afirmación del Dios no es el renunciamiento atrevido a la unidad que permanece unida al pluralizarse. La fragmentación es el Dios mismo, aquello que no tiene ninguna relación con un centro, no soporta ninguna referencia originaria y que, por consiguiente, el pensamiento, pensamiento de lo mismo y de lo uno, el de la teología, lo mismo que el de todas las formas del saber humano (o dialéctico), no podría acoger ni falsear”. (Blanchot: “Nietzsche y la escritura fragmentaria”).

Es que Nietzsche prepara una nueva experiencia de lo sagrado.

La critica de la metafísica platónica, que termina considerando al ser como luz, dice la fuerza inaprensible por ésta: “El mundo es más profundo que lo que el día lo piensa”. La luz misma es ocultamiento y alumbra en un espacio que no le pertenece, espacio de la voluntad de poder, no como ser o devenir, sino como pasión de la diferencia:

“La danza afirma el devenir y el ser del devenir,; la risa, las carcajadas, afirman lo múltiple y lo uno de lo múltiple; el juego afirma el azar y la necesidad del azar”.

Deleuze: “Nietzsche y la filosofía”): “Aquí ser y nada son únicamente expresión abstracta de la afirmación y la negación como cualidades de la voluntad de poder”.

Eterno retorno, voluntad de poder, superhombre, hablan aún para algunos el lenguaje de la metafísica. Su mensaje sueña por eso extraño. El diálogo con este pensar, solo nos será dispensado por los oscuros avatares de la historia que el mismo promueve.

Para otros, en cambio, dice aquella experiencia ontológica que rebasa toda metafísica confinada al reino de las esencias, en donde la voluntad queda encadenada al tiempo como caducidad, y al ser como presencia. En el pensamiento plural se halla la superación de la metafísica.

Así parece pensar Fink, contra Heidegger, quien en sus últimos años, duda en seguir considerando a Nietzsche preso en la hibernación de la metafísica: así pudo preguntarse si éste pertenecía aún al reino de la filosofía.

Superhombre es aquel capaz de dar un sentido afirmativo al acontecer plural de la muerte de Dios como caducidad en la duplicidad ontológica entre esencia y apariencia. Superhombre es aquel capaz de afirmar toda descarga de lo que vive y para decirlo con palabras de Eugen Fink, la “aletheia de un hombre abierto al mundo”...

“El elemento alciónico de la imagen del superhombre alude al jugador, no al déspota o al gigante técnico”.

Por eso, “El hombre que juega, el hombre que está estáticamente abierto al Dios Dionisios, dios que juega, dios informe y formador, no vive en el capricho de una libertad incondicionada; es partícipe del juego del mundo”...“Expresa la armonía cósmica (entre el hombre y el mundo), en el juego de la necesidad”.

Al comenzar estas letras dijimos que la relación de Nietzsche con la época era equívoca. La falsificación llevada a cabo con la letra de su obra, ha sido esclarecida hace tiempo. Nietzsche pensó las disyuntivas políticas en la esfera de las decisiones metafísicas, que competían a la historia de occidente como un todo susceptible y necesario de ser llevado hasta el acabamiento de su origen.

Detestó por ello las políticas de primeros planos y los nacionalismos o racismos de cualquier índole (como antropologísmos), y despreció dolorosamente el carácter extraviado del origen griego occidental del pueblo alemán, tanto como el antisemitismo que no le permitió tratar a su cuñado.

Una vez escribió a su madre y a su hermana (Niza, 21 de marzo de 1885): “Entusiasmo por el “ser” alemán no tengo, desde luego mucho, y menos todavía el deseo de mantener pura esa “magnifica” raza. Al contrario, al contrario”...

Para todo ello no fue tenido en cuenta y habla según Heidegger de lo que ha quedado aún sin decidir.

Por eso, el máximo pensador de éste siglo, pensando su filosofía como un texto de Nietzsche leído al revés, aconsejó hace tiempo dejar al solitario Sils, para luego leer el Zaratustra como la metafísica del estagirita, si bien no de idéntica manera: tal que el mismo Nietzsche observara, hay en su letra distintos planos que confunden.

Lo dicho, que a veces oculta lo que el pensar intenta confesar dificultosamente con un habla que aún no le pertenece y que dice: Superhombre es aquel que se abre al origen de la caducidad de todos los entes, de las humánitas, y como señor de la tierra no usurpa el ámbito desierto de lo divino, sino inaugura el espacio ilimitado del juego como otro ámbito de apertura del hombre hacia los entes.

Pero entendamos al fin que todo autentico diálogo como apropiación creadora, no entiende “jamás el texto mejor que lo entendió su autor, sino de otro modo. Solo que este otro modo debe ser tal que alcance lo mismo que el texto comentado, pensó”. (H. W. Heidegger).

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