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 Artículos de Opinión - Libros, lectura y educación
 Del por qué de los yangüeses en el Quijote

Artículos de opinión y ensayos entorno al mundo de la literatura, el fomento a la lectura y el ámbito educativo.
 
Del por qué de los yangüeses en el Quijote
Publicado por diego_valmon (Original de - Es mío, Diego Valdecantos) 20 Diciembre 2005 14:09

1-Introducción

Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es una obra llena de curiosidades, de pasajes oscuros. Episodios que en el pasado siglo han generado una literatura crítica ingente en todas las lenguas. Y es que la obra de Cervantes casi en cada línea tiene una curiosidad digna de ser estudiada. Desde el desconocido pueblo, el nombre del protagonista o las muchas historias intercaladas y, en cierto modo, ajenas a la novela que en ella existen. Todos estos datos han ido provocando curiosidad, discusiones en los investigadores haciendo de la obra cervantina una de las más estudiadas de la literatura universal.
Una de esas curiosidades será la que guíe este trabajo. Una que, por otra parte, parece pasar desapercibida para los críticos porque no he encontrado apenas bibliografía. Se trata del capítulo XV de la primera parte: En el que Don Quijote topa con una cuadrilla de desalmados yangüeses.
El objetivo será intentar dilucidar por qué aparecen esos personajes en La Mancha, tan lejos del que se supone es su punto de partida. Y, por otra parte, por qué Cervantes los incluye en su novela. Quiero decir que si quería romper el hilo narrativo establecido en la historia de la pastora Marcela, y deseaba hacerlo dando lugar a otra de las desgraciadas aventuras de su personaje ¿Por qué no utiliza unos personajes manchegos? Esa es la pregunta que me gustaría intentar resolver con este trabajo. Porque sorprende que, si romper la novela pastoril previa es su intención, Cervantes haga toparse a Don Quijote con los yangüeses, tan ajenos a la Mancha.
Dado este objetivo, el punto de partida será el privilegio real que, concedido en la Edad Media, permitió a los yangüeses dedicarse al ejercicio que, a lo largo y ancho de la geografía peninsular y durante varios siglos, les dio fama: la arriería o trajinería. Visto ese privilegio, buscar si es posible que Cervantes, bien como recaudador de impuestos bien como viajero, se encontrará, igual que su personaje, con un grupo de arrieros procedentes de este pueblo del norte de Soria. Son éstos los dos objetivos básicos que, en principio, me planteo para responder a esa pregunta: ¿Por qué unos yangüeses en el Quijote?


1.1- El marco narrativo del capítulo XV

Sólo a modo de introducción, y de manera muy breve, señalaré como base el marco narrativo del capítulo que centra este trabajo.
La historia de la pastora Marcela ha terminado con el entierro de Grisóstomo y el discurso de la pastora ante los asistentes. Es claramente una novela pastoril: un pastor se enamora de una bella pastora, ella le despecha y éste enamorado se deja morir o, como en este caso, se suicida al no poder alcanzar el objetivo vital de lograr a su amada y ser amado por ella.
Como en otras partes Miguel de Cervantes ha usado el método de narración dentro de la narración. Sus dos personajes pasan a un segundo término mientras se describe la triste historia del amor imposible del pastor. Ese segundo plano del protagonista sucederá, de nuevo, más adelante, por ejemplo en Sierra Morena o mientras es relatado El curioso Impertinente. Acabado el discurso de la pastora, el Caballero prohíbe seguirla porque las razones que ella aporta para no enamorarse de nadie y seguir de manera libre su vida, han convencido a Don Quijote y a Sancho.
Sin embargo la curiosidad y el deseo de volver a ver tanta belleza empujan al caballero a internarse en el bosque tras Marcela. Ese seguimiento será el que provoque el mal encuentro con los desalmados yangüeses.
Tras varias horas de infructuosa búsqueda, escudero y amo deciden descansar en una pradera donde, como si quisiera continuar con el bucolismo pastoril del relato de Marcela, corre el agua y la hierba verdea suavemente bajo el sol. Allí, Sancho, confiando en la bondad de las monturas, en particular de Rocinante, no las atará. El jaco, viendo unas hacas galicanas, sintiendo la llamada del instinto se acercará a ellas. Los yangüeses, celosos de sus animales, la emprenden con el de don Quijote. El Caballero, en un nuevo delirio de su utopía, verá un Babieca en Rocinante y unos desalmados en los que defienden lo suyo, y por ello los atacará. Al fin amo, escudero y monturas darán con los huesos en el suelo resultando una de las muchas disquisiciones filosóficas que existen en el libro.
Pero, una vez resumido el hecho, la cuestión que creo radical es que Cervantes necesitaba romper el bucolismo dado en la historia de los pastores. Había dejado a un lado a sus héroes y debía devolverlos su lugar. Es posible que para romper lo pastoril y volver a lo caballeresco necesitara de un capítulo en el que, no sólo su caballero vuelve a las andadas, sino que además le pegan una paliza que casi lo matan. Se retoma así el protagonismo, desastroso como siempre, de don Quijote, y de paso el ambiente bucólico de la historia de Marcela desaparece bruscamente y se regresa a la árida, estéril estepa manchega.
Desde este punto, fijando la vista en la ruptura que supone el capítulo XV, comenzaré a profundizar en los objetivos marcados en la introducción.


2-La exención de pagar portazgos.

A lo largo de la historia de España los privilegios reales han propiciado en muchos casos, la creación de pueblos, la pervivencia de éstos e incluso su conversión en importantes municipios, como es el caso de Soria que gracias a los privilegios de Alfonso VIII se convirtió en ciudad y capital de la Extremadura castellana. Entre esos privilegios quizá los más conocidos son los fueros aun vigentes en alguna parte de la geografía española u otros de enorme importancia literaria como el de Valfermoso de las Monjas. Otros concedían la exención de pagar impuestos, permitían administrar justicia en el mismo pueblo, o la celebración de un mercado en determinadas épocas del año, como por ejemplo la feria de abril de Sevilla.
Uno de estos privilegios fue el concedido a la villa de Yanguas por el rey de Castilla Alfonso XI el 18 de diciembre de 1347. Mediante este documento, del que no conservamos el original pero sí una copia textual transcrita durante el reinado de Enrique II( rey que además declara conocer el documento de su padre), se libraba al pueblo del pago de portazgos a la entrada de las villas y municipios que visitaban. El texto de Enrique II nos permite conocer perfectamente el de su padre y los beneficios que se concedía a la villa de Yanguas.
(...) Este es un traslado de una carta de nuestro Señor el Rey don Alfonso escrita en pergamino de cuero y sellada con su sello de plomo colgado fecha de esta guisa.
(...) Sepades que por razón que los del concejo de Yanguas, vasallos de don Fernando, mi fijo, nos enviaron mostrar la gran pobreza y mengua en que eran por muchos males y dampnos en que habían recibido los años pasados. Y porque no había labranza con que se mantener salvo en de andar de un lugar a otro con sus mercadorias para haber manteniemiento y pasada en el dicho lugar.
Y Nos, por les hacer merced, y porque el dicho don Fernando no los pidió por merced tenemos por bien tenemos por bien que los del dicho lugar de Yanguas y de su término sean quitos de portazgos en todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinosm de todas las mercadorias y las otras cosas que llevaren o truxieren por todas las partes de nuestro señorío de hoy día que esta carta es fecha para siempre en adelante salvo en Toledo y en Sevilla y en Murcia que tenemos por bien que lo paguen.
Este es el dato fundamental del privilegio: a excepción de tres ciudades los yangüeses pueden recorrer todos los territorios de la corona . Así los vecinos de esa villa soriana pudieron dedicarse al oficio que más beneficios les reportaría.
Este tipo de documentos debía ser renovado con la llegada al trono de cada nuevo monarca, por ello existen ratificaciones de diversas cortes a lo largo de los siglos, por ejemplo la de Medina del Campo(1370) con Enrique II, o Burgos (1379) con Juan I. Una de las últimas la daría Felipe III en Valladolid a principios del siglo XVII. Por tanto es posible que Cervantes conociera la confirmación del privilegio por parte del monarca ya que por esas fechas, como todos aquellos que buscaban beneficios en la corte hispana, el autor del Quijote se encontraba en la capital castellana. Son sólo conjeturas, para mencionar la posibilidad de que Cervantes conociera ese documento y por eso se decidiera a incluir en su novela, que ya estaba por salir de sus manos, un capítulo donde aparecieran los yangüeses.
Pero, por no entrar en cuestiones no fundadas, lo que es seguro es que los yangüeses, desde el momento en que se concede este privilegio, salen al camino en busca de un nuevo modo de subsistencia. Su fama es tal que uno de los caminos que atraviesan la Mancha en dirección al sur peninsular recibió, al menos en algunos tramos, el nombre de Camino de los Yangüeses.
(...)La villa de Yanguas venía gozando, desde el siglo XIV, del privilegio de Portazgos. Este privilegio pudo muy bien impulsar a los yangüeses a la trajinería y a la arriería por todo el país, dando su nombre, sin duda alguna por sus reiterados viajes, a algunos tramos de la cañada soriana, a su paso por la Mancha (Camino de los Yangüeses) (...)
(...) Otra actividad adquirió gran importancia en esta tierra: la de los recueros o arrieros de mulas que transportaban con rapidez mercancías poco pesadas y viajeros por todo el país. en sus manos estuvo la importación del vino aragonés y navarro para Soria. Destacaron como pueblos arrieros Yanguas y San Pedro Manrique. También al amparo de la trashumancia, bajaban a Extremadura y Andalucía guarreros soriano que compraban y traían, aprovechando las cañadas mesteñas, piaras de cerdos que vendían en los mercados de su tierra para las matanzas de otoño.
Está, pues, claro, que no es aleatorio el hecho de situar a esos personajes, a los yangüeses, en La Mancha. Como se ha estudiado, en el siglo XVII esta región era un desierto poblacional y un lugar que prácticamente se usaba sólo como paso de norte a sur. De hecho en el Quijote muchas de las aventuras que existen son encuentro con personas que viajan, bien regresando de los puertos andaluces, bien hacia los mencionados puertos donde embarcarse en dirección a las nuevas tierras. Así sucede, por ejemplo, con el vizcaíno, con el oidor que recupera a su hermano y un largo etc. de momentos en los que caballero y escudero entran en relación, o en conflicto, con personajes viajeros.
El hecho fundamental es la exención de pagar impuestos, portazgos en este caso, porque sin este documento, y las renovaciones ulteriores la presencia de estos personajes hubiera sido impensable. Porque fue esta independencia la que permitió que se dedicaran a la arriería o trajinería y, por tanto, la que les hizo trasladarse de un lugar a otro y por la que pude parecer normal que se encontraran en La Mancha.
Sin embargo, aunque sea lógico el situar a estas personas en la estepa manchega la cuestión es por qué estos y no otros personajes propios del lugar. Ya he mencionado que si Cervantes quería que su personaje volviera a las andadas con sus utópicas hazañas bien hubiera podido recrear esta aventura con otros personajes más propios del lugar. Sin embargo no lo hace así, utiliza a los yangüeses ¿Por qué? Esa es la cuestión.

3-El comercio en La Mancha: el centro de España como lugar de paso.

Ya he comentado que en los siglos de oro españoles La Mancha fue un desierto poblacional utilizado, sólo, como lugar de paso, de unión entre el norte y el sur peninsular. Apenas unos pueblos, como el desconocido de don Quijote, anotan su presencia en la región, conocida también porque, cerca de donde se mueve el caballero se encuentra una encomienda de la Orden de Calatrava. Sin embargo los lugares por donde se mueve el señor de la Mancha son pocos. Sólo unos pueblos, que nunca llega a tocar por miedo a la autoridad, y unas ventas son nombrados en la novela. Y así está demostrado y documentado: esta región en la época del caballero no es sino el paso natural hacia Sierra Morena y Sevilla.
Es claro que el comercio es necesario, más en un país donde su lema es plus ultra. Porque los barcos que parten hacia las nuevas tierras necesitan fabricarse, por tanto son necesarios el hierro y la madera, y abastecerse. Sevilla era el puerto donde se producían y desde el cual partían esos barcos hacia América. Pero la ciudad andaluza era, básicamente, eso: un puerto, un lugar de paso hacia las Indias. Aunque fuera una de las ciudades más importantes de la corona, lo era debido a su condición de salida hacia las nuevas tierras y de entrada de las riquezas de allende el océano. Así nos la presentan las novelas contemporáneas del Quijote y también esta novela: el lugar desde donde todo el mundo se embarcaba buscando una mejor fortuna en la vida o por mandato real. Entonces, ¿Quién se encargaba de llevar a lo largo de España lo necesario para construir esos barcos y para que se abastecieran? Sin duda los arrieros, especialistas en el transporte de mercancías. Existe numerosa documentación sobre los arrieros maragatos y sus relaciones comerciales. No sucede así con los yangüeses. Sin embargo es de suponer, y entro en el plano de las hipótesis, que debido al privilegio mencionado, esta casta de la arriería fuera muy valorada por los comerciantes debido a que, dada la libranza de pagar impuestos, sus precios serían más reducidos que los de otros grupos de arrieros. Por tanto, es muy probable que los encargados de bajar hierro de las ferrerías vizcaínas hacia el sur español, a los astilleros, fueran los yangüeses, y por ello muy posible encontrarlos en los caminos manchegos donde sucede el encontronazo con el caballero.
Desde luego no es más que una hipótesis, pero el hecho de encontrarse en La Mancha no se debe sólo al privilegio real o a ser arrieros-comerciantes. Probablemente el caso de situarse la villa y tierra de Yanguas en un lugar céntrico, cercano a Bilbao y Madrid, unido al privilegio real, lo que probablemente permitía una reducción en los precios del transporte, fue lo que hizo que los yangüeses fueran conocidos como transportistas y comerciantes. Además muchos yangüeses en ese momento comenzaron a dedicarse a la trajinería debido a que, en la villa de Yanguas, los señores gravaban cada vez más la vida de aquellos que se quedaban en la zona, con impuestos sobre las cosechas o pagos injustos por diversas cuestiones. Lo que provocó que dejaran las tierras y se dedicaran a la arriería fundamentalmente, aunque también a la trashumancia.
Pero no es esto lo que interesa. Sólo apuntar la hipótesis mencionada. Viendo la necesidad de hierro, que prácticamente sólo se fabricaba en Bilbao, para los barcos españoles, y los precios reducidos de los arrieros yangüeses frente a otros grupos que se dedicaran a este oficio, gracias a no tener que pagar portazgos en las villas que pisaran, es muy posible que unos yangüeses se encontraran reposando con sus monturas en La Mancha, bien viajando hacia el sur a vender o comprar, o volviendo de allí una vez solucionados los negocios.
4-Cervantes y la Mancha.

Ya he apuntado una hipótesis en el apartado anterior. Ahora me sumerjo en el mar de las conjeturas sin pruebas documentales. Esto se debe a que, a pesar de las búsquedas llevadas a cabo en diversas bibliotecas y páginas web, no he encontrado bibliografía que hablara de los yangüeses, de su aparición en el Quijote, ni de la relación que Cervantes pudo tener con La Mancha. No hay otro motivo para que entre tan deliberadamente en las suposiciones y no me deje guiar por bibliografía básica.
La relación de Cervantes con esa zona castellana viene delimitada, primero, por los numerosos viajes que el escritor realizó desde Andalucía al norte y viceversa. En el sur fue recaudador de impuestos y desde luego sabiendo que antes y después se encontraba en Madrid o Valladolid y que, posteriormente, se trasladó desde el sur a esas ciudades por necesidad tuvo que atravesar La Mancha en sus viajes.
Otro factor que hace sospechar del conocimiento de la región por parte del escritor es el hecho de casarse con una manchega: Catalina de Salazar, en Esquivias (Toledo), en 1585. De todas maneras es sabido que a pesar de este matrimonio en ningún momento hicieron vida en común. Pero es interesante pensar que si conocía Esquivias, pudiera conocer el resto de la estepa manchega.
Por tanto veo posible que Cervantes gracias a sus viajes de norte a sur y a su matrimonio en el pueblo toledano conociera ampliamente la región en la que situó a los arrieros yangüeses. Incluso es posible, siempre conjeturando, que en las muchas ventas que existían por el camino Cervantes llegara a descansar en compañía de los yangüeses. Y si hacemos caso a la historia de Don Quijote, en esas ventas se compartía absolutamente todo. La cena, la conversación...Y en la historia del caballero manchego encontramos múltiples ejemplos de esas reuniones en las ventas, gracias a los cuales conocemos las historias del cautivo, de Dorotea y otras muchas. Por tanto, podemos imaginar a Cervantes en esas ventas junto a los yangüeses, escuchando sus historias de caminos, de donde podría haber sacado el capítulo XV que nos ocupa.
Sin embargo hay un dato que me parece más determinante y factible. Vuelve a ser una hipótesis pero ya no sólo la apunto yo. Si Cervantes fue recaudador de impuestos, como está demostrado, en Andalucía, es probable que en su labor de funcionario de hacienda se encontrara con algunos yangüeses a los que quiso cobrar. Y, siempre dentro de la suposición, el hecho de que los arrieros pudieran alegar que poseían el privilegio y se negaran a pagar pudo provocar alguna disputa que los convirtiera en los desalmados yangüeses que encuentra Don Quijote.
Es decir, quizá la paliza que sufren caballero y escudero la recibió primero el escritor. Por ello me parece importante el periodo que va desde 1600 a 1603 en que perdemos la pista a Cervantes. ¿Dónde se encuentra? Muy probablemente en La Mancha ejerciendo de recaudador. Oficio, por otra parte, muy desagradecido porque conseguir los pagos era harto difícil. Cervantes, durante su estancia en Andalucía ya tuvo problemas legales por ello. En este trabajo se cobraba por lo hecho y, por tanto, si alguien no pagaba, era imposible demostrar que la labor se había llevado a cabo. Cervantes dio con sus huesos en la cárcel por cobrar más de lo que debía y tomar parte para sí para asegurarse su sueldo. Entonces, vuelvo a mi tema, en esos tres años en los que no tenemos datos fidedignos sobre dónde se encuentra el autor del Quijote es posible que éste se encontrara ejerciendo su oficio en La Mancha y que, por tanto, se cruzara con un grupo de arrieros que en función de su privilegio se negaran a pagarle, lo que pudo llevar a una confrontación que luego Cervantes plasmaría al escribir su obra.
Y es que el privilegio concedido a los yangüeses por Alfonso XI les trajo multitud de pleitos en Castilla. Los portazgos eran impuestos muy importantes para la economía de las ciudades y pueblos y, claro está, no todos estaban por la labor de permitir dejar pasar en libertad a unos arrieros. Los pleitos acosaron a los yangüeses desde 1407 hasta 1589 y los acusadores fueron personalidades muy influyentes en la corona castellana. El arzobispo de Toledo, el almirante de Castilla, el cabildo de la Iglesia de Córdoba entre los más destacados, intentaron evitar que el privilegio fuera efectivo. Sin embargo el hecho de que el privilegio hubiera sido ratificado por las cortes en diversas ocasiones provocó que los pleitos los ganaran los yangüeses. Por ello es factible pensar, aunque sólo sea una conjetura, que al igual que esas grandes instituciones, Cervantes quisiera hacer valer los derechos de la corona para cobrar los impuestos frente al privilegio de no pagarlos. Por lo cual se puede considerar un supuesto encuentro entre unos arrieros de la Villa y tierra de Yanguas con el autor del Quijote.
Para esta última tesis he utilizado fundamentalmente un artículo aparecido en el diario La Rioja el 28-10-1978 en el que el autor del libro donde he encontrado el privilegio real, Manuel Toledo Toledo, apunta ya esa misma idea: dado que los arrieros-comerciantes yangüeses estuvieron presentes en diversos lugares y mercados de España desde la concesión del privilegio, es posible que uno de los muchos encontronazos que sufrieron a causa del documento, lo tuvieran con el autor del Quijote al querer éste cobrarles impuestos de los que los yangüeses estuvieran exentos.

5- Conclusiones.

A lo largo del trabajo he intentado seguir tres líneas de investigación para acercarme a una respuesta a la pregunta que da título al trabajo. Una de ellas, el privilegio de Alfonso XI, nos da claros indicios de que, como los yangüeses se dedicaron al comercio, bien se puede pensar en que utilizaron habitualmente La Mancha como lugar de paso. Del mismo modo que otros españoles del momento.
Las otras dos vías que he seguido son sólo conjeturas. Sin embargo me parece interesante apuntarlas como posibles soluciones a la cuestión que da nombre a este trabajo.
No he cerrado ninguna de ellas, al contrario, sólo las he abierto. Porque, a pesar de lo que se pueda pensar no me parece un episodio más de la obra. Detrás de esos personajes hay una cuestión, por qué aparecen en la obra. Yo he dado algunas razones para solucionar su presencia. Pero de lo que estoy seguro es que desde los yangüeses se puede realizar una visión del comercio en la España del XVII. Porque si aparecen ahí, y eso es lo que he querido hacer ver a lo largo del trabajo, es por su fama en el comercio. Y en eso, desde luego, confluyen las tres líneas de investigación: si los yangüeses aparecen en el Quijote, al menos una de las causas, es por su dedicación al comercio, porque el autor de la obra conocía el oficio de arriero de los yangüeses. Porque si los yangüeses no hubieran sido comerciantes, gracias al privilegio, no hubieran sido dignos de aparecer en la obra cervantina, no hubieran sido conocidos en la España del XVII, hubieran sido uno de tantos pueblos desconocidos en las páginas de la literatura.









































Bibliografía

Libros

-Miguel de Cervantes.El ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Edición de RAE. Madrid, Espasa-Calpe 2005
- Manuel Toledo Historia de la Villa y tierra de Yanguas.. Ediciones de la Excma. Diputación provincial de Soria. Soria 1995.

Páginas web

www.cervantesvirtual.com

-http://www.elquijote.org/

-http://aache.com/quijote/

http://www.cervantes.es/

http://www.centroestudioscervantinos.es/

http://cvc.cervantes.es/obref/conjuro_libros/

http://www.csdl.tamu.edu/cervantes/

http://www.donquixote.com/




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